Ell@s

El pasado fin de semana la noticia que acaparó por mucho la atención de los medios de comunicación fue un enlace matrimonial. Ni Mario ni Daniela, los contrayentes, son figuras públicas que hubieran vendido “la exclusiva” de su boda y cuya fama les ganara el interés desmedido por parte de sus admiradores. Aunque los asistentes portaban la bandera multicolor que identifica a la comunidad homosexual, no se trató tampoco de una de las tan sonadas sociedades de convivencia que, por ley, no pueden ser llamadas matrimonios. Según constaba en las actas de nacimiento de los cónyuges, se trató de la unión de un hombre y una mujer, por lo que no había impedimento alguno para realizarla. La razón por la que esta boda produjo tanto desconcierto es que la novia nació siendo él y el novio siendo ella. En efecto, fue el primer matrimonio transexual en México. Mario, hoy con barba y sin busto, se llama en los documentos oficiales María del Socorro, mientras que Daniela, con todo el aspecto de una mujer, fue bautizada como José Mauricio. Este hombre (antes mujer) y esta mujer (antes hombre) tienen siete años compartiendo la vida. Sin embargo, en nombre de su activismo decidieron “ponerle un cuatro” a las leyes de nuestro país y mostrarlas sin tapujos tan obsoletas como son, inservibles para regular una realidad social que hace tiempo las ha desbordado. El contrato matrimonial que firmaron, otorga a esta pareja los mismos derechos que a una “evidentemente” heterosexual, pero eso porque en el enredo de sus naturalezas tuvieron la fortuna de enamorarse de alguien que llevaba antes un nombre correspondiente al sexo opuesto. Si el caso hubiera sido otro, por ejemplo si sólo uno de los contrayentes fuera transexual o si se tratara de dos mujeres, no habría sido posible unirlos legalmente bajo la misma forma jurídica. ¿Existe una buena razón para hacer esta diferencia? ¿No será hora de preguntarnos por qué es que se está legislando sobre argumentos en torno a algo tan íntimo como las preferencias que en el terreno sexual tenemos los seres humanos? ¿Acaso a los heterosexuales se nos pregunta cómo deseamos ser amados físicamente para determinar si es posible casarnos? ¡Y mire que si nos pusiéramos a averiguar las alcobas de los matrimonio “bien avenidos” nos encontraríamos con muchas sorpresas! Quienes no pertenecemos a la comunidad conformada a fuerza de la discriminación sufrida por lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, transgéneros y travestis, poco sabemos de lo que significa sentirse atraído por alguien del mismo sexo, vivir en un cuerpo que nos parece genéricamente ajeno, o desear vestirnos como corresponde socialmente a una mujer cuando se es hombre. Amar es conocer, dice Erich Fromm (padre del psicoanálisis humanista). Si esto es cierto, lo será igualmente que en el origen de muchas de las fobias (odios irracionales) que nos acosan socialmente, lo que se encuentra no es más que desconocimiento. Por ejemplo, ¿sabía usted que hay hombres heterosexuales a quienes les gusta vestir de mujer, sin que ello implique una tendencia homosexual?, ¿sabía que se han hecho estudios sociológicos donde se rebate fehacientemente la idea tan extendida de que las parejas conformadas por miembros del mismo sexo son menos estables en su relación?, ¿sabía que los principales promotores del sexo seguro son homosexuales y prostitutas, al grado de que hoy en día la mayor parte de los casos de VIH que se reportan corresponden a amas de casa contagiadas por sus maridos? Es importante entender que la humanidad es diversa y que justamente en las diferencias radica la riqueza de nuestro mundo. Se dice que la ignorancia es atrevida pero, más que eso, es peligrosa; lo es porque lo que no se conoce es temido profundamente y el miedo es la principal fuente de agresión y de violencia. Más allá de las posturas personales que al respecto tengamos, situaciones como el tan sonado casamiento transexual al que nos hemos referido, nos ponen ante la necesidad de reflexionar con más calma las opiniones que expresamos. Es el desconocimiento lo que abona los terrenos de la injusticia contra los demás, gracias a él es que se acaba entablando guerras sin sentido contra quienes practican religiones distintas, que se discrimina a los pueblos indígenas por las costumbres que practican, que se asesina a las personas sólo porque no gustan de los mismo que nosotros, etcétera. En lo que toca a la transexualidad hay mucho que aprender. Lo primero que hay que decir es que, del mismo modo que sucede con el resto de las inclinaciones sexuales y de género, esta condición no ha sido elegida por quienes la viven. Para ell@s, la identidad sexual está en conflicto permanente con la anatomía que tuvieron al nacer, lo que crea una grave disconformidad entre el sexo biológico y el psicológico y social. Por esta razón ell@s modifican quirúrgica y hormonalmente su cuerpo, con la idea de poder vivir teniendo una apariencia que pueda reflejar lo que son interiormente. A pesar de que esto no es tan distinto de lo que una chica argumenta para aumentar el tamaño de su busto, socialmente hemos decidido condenar a los transexuales, simplemente porque no somos capaces de entenderlos, porque no conocemos lo que les sucede y nos da miedo confrontarnos ante lo que nos resulta ajeno. Si bien, toda opinión es digna de respeto, la validez de nuestras creencias, al menos de aquellas que repercuten en la vida de otros seres humanos, debería estar dada en la información que las sustenta. No podemos vivir sin leyes, pero éstas deben hacerse para proteger a los ciudadanos, no para marginar a quienes no cumplen con lo que hemos considerado “correcto”, sobre todo cuando lo que una persona decide para sí misma no afecta a los demás. Empecemos por informarnos seriamente sobre lo que desconocemos, no hace falta más que indagar un poco en las páginas web de los colectivos que los transexuales han formado, justamente con la finalidad de brindarnos los datos que nos están haciendo falta. Estoy segura de que haciendo esto, la mayoría de nosotros aprenderemos rápidamente a respetar y amar la diferencia, incluso algunos acabaremos sumándonos a las causas que enarbolan quienes se encuentran al margen de las legislaciones que deberían tomarlos en cuenta.